
Dirigida en 1952 por George Sidney en un glorioso Technocolor, contaba con un reparto lleno de estrellas entre las que destacaban Gene Kelly (en uno de sus pocos films no-musicales); Lana Turner; June Allyson; Van Heflin; Gig Young; Robert Coote; Vincent Prince; Angela Lansbury; y Frank Morgan en sus papeles principales.
Es uno de los títulos que con más cariño guardo en la memoria de la única vez que la vi, con unos 13 ó 14 años, una noche de sábado con una tormenta de Verano tras las ventanas del apartamento de Laredo en donde solía pasar las vacaciones.
El argumento es de sobra conocido por todos: D'Artagnan (Gene Kelly), un joven campesino de Gascuña, viaja a París con la intención de ingresar en la compañía de mosqueteros del rey Louis XIII (Frank Morgan), que manda el señor de Treville (Reginald Owen). En el camino tiene un mal encuentro con el conde de Rochefort (Ian Keith) y Lady Winter (Lana Turner), ambos partidarios del primer ministro, el cardenal Richelieu (Vincent Price). Una vez en la capital francesa, la mala fortuna hace que discuta con tres de los más valerosos mosqueteros del rey: Athos (Van Heflin), Porthos (Gig Young) y Aramis (Robert Coote), fieles al rey. Además, Richelieu pretende poner en evidencia que reina Anne (Angela Lansbury) mantiene un affaire con el duque de Buckingham (John Sutton) y D'Artagnan intentará impedirlo con la ayuda de Constanza (June Allyson), doncella personal de la reina, y de su escudero Planchet (Keenan Wynn).
El film mantiene una estructura narrativa similar a las películas musicales, donde las escenas de canto y baile son reemplazadas por las de apasionantes y dinámicos duelos de espadas entre los mosqueteros y los agentes del cardenal Richelieu coreografiados como si la película fuese un musical. En la primera parte de la película, aderezada con la música de Tchaikovsky, predomina cierto tono de comedia, que va desapareciendo a medida que avanza la acción y la intriga, y su segunda parte si bien no decae la tónica aventurera, el drama sustituye a la comedia. El guión respeta en líneas generales la trama original de la novela, con algunos cambios (sobre todo en la segunda parte del film), que permiten mantener la línea de acción e intriga propia del film. Curioso es el detalle del cartel de la película, en el cual en la mayoría de sus versiones, el lunar en forma de corazón de MiLady está situado junto a sus labios, cuando en la película está entre la sien y la mejilla. ¿Publicidad subliminal en los años 40 para captar a mayor número de espectadores?



La película cuida mucho la acción, el guión, el ritmo y la música. Nada que ver con las cintas de hoy en día, que tienen muchos efectos especiales, pero que en el fondo están huecas, y carecen del carisma, la magia, la calidad interpretativa y el regusto que dejaban estos films de la época dorada del film en la cual el star system, el glamour y toda la parafernalia extra-cinematográfica iban acompañadas de talento y esfuerzo.
Además, el detallismo en los decorados tanto en interiores como exteriores es impecable. Puede que sean de cartón-piedra, pero con mucha mayor personalidad que los creados actualmente por ordenador. El vestuario , sobre todo el de las mujeres, está cuidado al máximo. Y la fotografía en technicolor le daba una calidad cromática difícil de volver a ver. La música, perfectamente acompasada y concordante con los movimientos rítmicos de los actores o con los sentimientos en las escenas dramáticas.
En definitiva, un film de capa y espada con tono agridulce: desenfadada, divertida y al mismo tiempo oscura y trágica. Un título a no perderse y que debería de ser vista por las generaciones nacidas en los 80 y 90, que tan poco cine de calidad están acostumbrados a ver. A los niños les encantaría, al igual que me gustó a mí la primera vez que la vi.
Aquí te dejo con una de las escenas más míticas de la película: la cita de D'Artagnan para el duelo con cada uno de los mosqueteros y la posterior pelea de los cuatro contra los esbirros de Richelieu.
Además, el detallismo en los decorados tanto en interiores como exteriores es impecable. Puede que sean de cartón-piedra, pero con mucha mayor personalidad que los creados actualmente por ordenador. El vestuario , sobre todo el de las mujeres, está cuidado al máximo. Y la fotografía en technicolor le daba una calidad cromática difícil de volver a ver. La música, perfectamente acompasada y concordante con los movimientos rítmicos de los actores o con los sentimientos en las escenas dramáticas.
En definitiva, un film de capa y espada con tono agridulce: desenfadada, divertida y al mismo tiempo oscura y trágica. Un título a no perderse y que debería de ser vista por las generaciones nacidas en los 80 y 90, que tan poco cine de calidad están acostumbrados a ver. A los niños les encantaría, al igual que me gustó a mí la primera vez que la vi.
Aquí te dejo con una de las escenas más míticas de la película: la cita de D'Artagnan para el duelo con cada uno de los mosqueteros y la posterior pelea de los cuatro contra los esbirros de Richelieu.
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