Año: 2010
Nacionalidad: Reino Unido
Duración: 112 minutos
Dirección: Oliver Parker
Intérpretes: Ben Barnes (Dorian Gray); Colin Firth (Lord Henry Wotton); Ben Chaplin (Basil Hallward); Rachel Hurd-Wood (Sybil Vane); Rebecca Hall (Emily Wotton); Fiona Shaw (Lady Agatha); Emilia Fox (Lady Victoria Wotton); Caroline Goodall (Lady Radly); Maryam D'Abo (Lady Gladys); Johnny Harris (James Vane); Douglas Henshall (Alan Campbell); David Sterne (Dueño del teatro); Daniel Newman (Michael Radly); Michael Culkin (Lord Radly); Jo Woodcock (Celia Radly); Max Irons (Lucius); Pip Torrens (Victor); Emily Phillips (Alice Radly); .
No he leído la novela de Oscar Wilde, ni tampoco había visto ninguna versión cinematográfica anterior sobre la historia de Dorian Gray y su siniestro retrato, aunque sí que conocía muy por encima de qué iba el tema, el de un hombre que no envejece y cuyo libertinaje y maldad crece con los años a la vez que se ve reflejada en su propio retrato. En realidad de lo que se trata es de un fábula con moraleja, y ésta es que la vida dedicada al placer absoluto y a hacer el mal no están bien moralmente. Claro que respecto a lo primero, todo es discutible y depende de las circunstancias, no así lo segundo.
Cinematográficamente hablando, el film cuenta con una factura impecable, muy cercana al estilo americano, a pesar de tratarse de una producción británica, ambientada en Londres y con actores ingleses. La fotografía oscura, húmeda, cruda, de Roger Patt logra impregnar a todo el metraje de ese ambiente malsano que se empareja con el relato del retrato. Excelente también la dirección artística de la película, en la cual la fabulosa ambientación de decorados y atrezzo nos retrotrae a la perfección a la Inglaterra victoriana.
A pesar de que hay detractores acerca del actor protagonista del largometraje, posiblemente influenciados por haber aparecido en Las Crónicas de Narnia: El Príncipe Caspian (Andrew Adamson, 2008), pienso que Ben Barnes ha sido una acertada elección para interpretar a Gray, aunque sí que es cierto que no le hubiera venido nada mal un toque más maligno a su trabajo. Colin Firth, uno de los mejores actores británicos del momento, hace de nuevo un excelente trabajo como Lord Henry Wotton, el hombre que lleva a Gray a la perdición y al que aconseja que haga cosas que ni él mismo hace. Ben Chaplin está correcto como el pintor del cuadro. Rachel Hurd-Wood, preciosa como siempre, pero desaprovechado su talento al tener un papel tan corto. Destacar la presencia y descubrimiento (al menos por mi parte) de Rebecca Hall, que dota de una vitalidad asombrosa a su personaje de Emily Wotton. Además, en la película también podemos ver a Fiona Shaw, la actriz que interpreta a la Tía Petunia en la saga de Harry Potter.
Una película que, según tengo entendido, altera bastantes de los pasajes originales del libro en la que se basa, pero que no modifican la sustancia, la esencia de lo que nos quieren contar, la moraleja de la que hablaba en el primer párrafo de esta crítica. El film además, nos muestra a un Dorian Gray más cruel y más libertino si cabe que el de las páginas de la novela de Oscar Wilde.





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